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Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?

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jueves, 14 de agosto de 2014

Desnudémonos el alma antes que la ropa.


Vamos a contarnos esos cuentos casi de madrugada 
que nos contábamos con nosotros de protagonistas 
imaginándonos un mundo diferente.

Hablemos de los besos de debajo de las sábanas,
de las risas,
de los suspiros,
de los "Joder, como te quiero."

Juguemos a duelo de miradas,
de mirarnos fijamente
hasta penetrarnos la mirada
o hasta follarnos.

Colócame con tu risa,
tu sonrisa,
tus cosquillas para que deje de estar triste,
colócame.
Coloquémonos.

Digámonos lo muy venenoso que es estar enamorado.
Cuéntame cuánto te duelo
y lo mucho que te gusta dolerme.
O lo mucho que nos gusta dolernos.

Quiéreme.
Quiéreme a tu manera, pero quiéreme.
Quiéreme como sólo sabes hacerlo.
Demuestra,
demuestro,
demostrémonos.

Mírame como si fuese tu mayor tesoro apreciado,
tu lujúria.
Mirémonos.
Y nunca dejar de hacerlo.

Dime otra vez lo mucho que te gusta perderte en mis ojos,
nadar en ellos,
sumergirte o ahogarte.
Porque como bien dices, "Me mataría una y mil veces en esos ojos". 
Pero dímelo,
tú dímelo.
Siempre.

Acaríciame como si estuvieses a punto de rozar el mismísimo infierno.
Acaríciame toda,
tú acaríciame tan suave como si se tratase de algo frágil,
tan frágil que en cualquier momento se romperá.
Pero acaríciame.

Abrázame como si fuese una despedida,
de esas que tanto odias,
abrázame fuerte
porque nunca sabrás cuando voy a desaparecer.
Tú tan sólo... abrázame.
Abracémonos.

Esnífame.
Esnífame como cuando recién salgo de la ducha
o como cuando me pongo ese perfume que tanto te gusta
y me sueltas un "qué bien hueles, jodida". 
Tú esnífame,
como si fuese tu dosis diaria la cual necesitas.

Mostrémonos el alma cada vez que lloremos.
Muéstramela.
Desnudémonos el alma antes que la ropa.
Pero desnúdala.
Desnudémosla.
Desnudémonos.
Y ahora ven... ven para que te crea.