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Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?

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viernes, 30 de mayo de 2014

Apareciendo como de costumbre, de la nada.



Hace frío, de ese que se te cuela por el cuerpo llegando a la piel haciéndote estremecer. El cielo está nublado y las calles parecen oler a humedad. Me encuentro sentada en un pequeño banco de un parque, donde a pesar de que en cualquier momento lloverá, los niños juegan con sus pelotas de balón.
 Me fijo en un pequeño columpio, está vació, las ráfagas de aire lo tambaleaba tanto que chirriaba; Una pequeña sonrisa aparece en mi rostro. Ese sonido que chirreaba del pequeño columpio me trae recuerdos de mi infancia. Cuando mi madre me llevaba al parque en la noche. Aquel columpio que solía montarme mi madre y me hacía parecer llegar a la luna con cada uno de sus empujones, cada vez eran más fuertes y yo reía sin parar, creyéndome que llegaría a esa cosíta blanca que nos observa todas y cada una de nuestras noches, luciendo siempre hermosa, llamada Luna.

Mis manos están metidas en los bolsillos de mi chaqueta, el aire viene frío, muy frío me hace esconder mis manos y calentarlas en esos pequeños bolsillos. Miro la hora de mi pequeño reloj de muñeca, marcaba las ocho y media de la tarde. Ha comenzado a llover, y algunas gotas logran alcanzarme, no me importa, es agradable. Los pequeños niños mientras juegan, sus madres les agarran de sus pequeñas manos y los alejaba del parque, llevándolos a casa. El parque quedó vació, tan vació que la única que estaba sentada allí era yo y un perro callejero que olisqueaba en la basura con algo con lo que echarse a la boca. Llovía cada vez más fuerte. Mi cabello comenzó a notarse mojado, mi chaqueta por los hombros estaba mojada, no tardaría mucho en mojarse cada vez más.

Creo que estoy llorando, o quizás tan sólo sean los restos de las pequeñas gotas de lluvia, da igual, no pienso comprobarlo. Un pequeño trueno se escucha a lo lejos. Miro al cielo y cierro los ojos. Las gotas caen sobre mi cara, observo como me encuentro sola en aquel frío y solitario parque que hace un momento se respiraba alegría y paz. No iré a casa, no se encuentra nadie en ella. Sigo aquí, sentada en un banco, mientras entre suspiros me hundo en un mar de pensamientos. Otro trueno ha comenzado a escucharse. La lluvia estaba empeorando. Tengo frío. Comienzo a tiritar. Me abrazo a mi misma. Hundo mi cabeza entre mis piernas. Hoy no soy persona. Hoy soy frágil, tan frágil que con tan sólo un pequeño soplo me hará desplomarme. Hoy no existo. Noto como alguien me coloca una cazadora negra al rededor de mis hombros, su olor es agradable. Sigo abrazada a mi misma, levanto la vista y le veo con su peculiar sonrisa en su rostro, él está completamente empapado, incluso más que yo. A pesar del frío, coloca su chaqueta sobre mis hombros sin importarle qué.
Y allí estaba él, apareciendo como de costumbre, de la nada.


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