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Empezaría diciendo que todo lo que escribo lo hago con papel y una pluma, pero mentiría. Una de mis mayores aficiones es escribir, yo lo llamaría como una especie de "escape" donde eres libremente de escribir lo que te plazca, ya sea hundirte en tus pensamientos o tan solo con deslizar tus dedos sobre el teclado comienzas a adentrarte en un mundo donde tu decides que sucede a cada instante y a cada segundo. ¿Maravilloso, verdad? No escribo para nadie, escribo para mi misma. Lo que nunca imaginé fue ver a toda esta gente leyéndome. Soy otra marioneta que ansia la libertad en esta sociedad manipuladora. Nunca permitas, por nada del mundo, que la sociedad te convierta en una persona quien no eres. Seamos libres de ser quien cojones queramos ser. Porque no hay nada más maravilloso que ser uno mismo y no como querrían que fueses. Amo la lluvia, los días de tormenta, amo el chocolate, también un buen café con leche en las tardes de invierno. Si has llegado hasta mi blog, bienvenidos pequeños mortales, si deseas quedarte será todo un placer, siempre serán bienvenidos aquí y si deseas marcharte, que así sea. ¿Te introduces en mi cuento de princesa inmortal?

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viernes, 30 de mayo de 2014

La chica de ojos tristes y la sonrisa rota.



He oído mucho hablar de ella. No sólo he oído hablar, sino que la he visto con mis propios ojos.
La he observado tantas veces que juraría que si se diese cuenta me tacharía por pervertido, pero en realidad no soy ningún pervertido. Jamás una chica me había parecido tan, tan interesante.
Dicen que ella es una persona sosa, fría, que nunca sonríe ni habla con nadie, que incluso da miedo. Dicen que ella odia a la gente, que nunca nadie se atrevió a saludarla, que su cabello negro azabache y su piel pálida la hace aún más espeluznante. Dicen que pocos han escuchado su voz, que jurarían que es apática.
Pero, la gente es muy ignorante y se dejan engañar por una simple apariencia. Nunca he creído lo que he escuchado de otras bocas, a no ser que lo viese con mis propios ojos o averiguado. Soy una persona que le gusta averiguarlo todo, e incluso siente atracción por lo difícil y complicado. Ella era difícil y complicada.
Cuando realmente me intereso por algo, voy a por ello, ¿por qué no iba a ir a por ella?

Nunca me gustó juzgar a alguien por el simple hecho de lo que están viendo mis ojos. Siempre he pensado: "Puede que tenga un motivo para ser así." Y desgraciadamente, la gente tiene tendencia a juzgar por lo que están viendo sus ojos, y no por lo que ha vivido esa persona. ¿No es un poco absurdo juzgar a alguien sin tomarte la molestia de conocerlo realmente? ¿No es absurdo juzgar sin conocer?
A mi las personas frías siempre me parecieron interesantes, con una historia que contar detrás de esa frialdad. Por eso me fijé en ella. Ella era fría, y no sólo era fría, sino demasiado hermosa para mis ojos. ¿Cómo nadie antes se había parado a observarla? en ese entonces me preguntaba a mi mismo con una sonrisa: "¿Soy el único que se ha molestado en fijarse en ella y sentirse interesado? ¡Vaya! me siento halagado, de ser así."
La observaba tanto hasta el punto de querer saber más de ella, de correr hacia ella y decirle, "Ey, me pareces interesante. ¿Te puedo invitar a un café?".
Realmente quería saber muchas cosas acerca de ella. Quería saber porque nunca cogía su paraguas cuando llovía y se dejaba mojar por la lluvia. Quería saber porque siempre llevaba una libreta en mano y un bolígrafo, y qué escribía en esa curiosa libreta. Quería saber porque una chica como ella era tan solitaria, y si le interesaría tener un acompañante, ambos también solitarios...

Una noche, me estaba tomando un par de cervezas en un pequeño local cuando apareció por la puerta ella. Yo estaba en la barra, y cuando me di cuenta, ella ya se había sentado al lado mío. Me fijé en que llevaba consigo su cuaderno y su bolígrafo. La pude observar más de cerca, y no de lejos como siempre hacía. A veces odio ser tan tímido. Por culpa de mi timidez, muchas de esas veces me impidió acercarme a ella y hablarle con total normalidad. Dios, era tan guapa...
Quise echarle huevos al asunto, así que decidí saludarla:
—¡Hola!—la saludé como cual desesperado. Estaba nervioso, y no sabía como iba a reaccionar ella.
Ella me miró, con su expresión fría. No sabía si iba a contestarme, o se iba a cambiar de asiento. No parecía muy habladora, y yo no creía que fuese apática. Tenía curiosidad por saber como era su voz.
Pero ella no me devolvió el saludo, cosa que no me extrañó. Se notaba que era muy desconfiada, o simplemente no le apetecía hablar con un tío como yo.
La miré de reojo. Estaba escribiendo algo en su cuaderno, más bien continuaba su escrito. No creía que me fuese a dirigir palabra esa noche.
—Hola.—me saludó al fin. Me quedé bastante sorprendido. ¿Cómo describiría su voz? es una de esas voces que con escucharlas sabrías que podría ponerte cachondo con sólo palabras. Una voz realmente sexy.
—¿Puedo preguntarte algo?—le pregunté teniendo la esperanza de que dijese que sí.
—Dispara.—respondió ella.
—¿Qué sueles escribir en ese cuaderno? te he observado muchas veces...digo,—la cagué, no me extrañó, soy un caos.—quiero decir... que te conozco de vista y he podido apreciar que llevas siempre contigo un cuaderno y un bolígrafo.
—¿Sientes curiosidad?
—Bastante. No sólo es curiosidad; me pareces tan interesante que me incitas a investigar más sobre ti. Me gustaría leer tu mente.
—¿Mi mente?
—Tú cuaderno. Ese cuaderno sería como leer tu mente.
—O sea, ¿qué te gustaría leer mis escritos?
—Lo siento si te estoy incomodando... No soy muy bueno hablando con chicas.
—No, tranquilo, me gusta. Es la primera vez que alguien dice que le gustaría leer los escritos de mi cuaderno y que le parezco interesante.—sonrió. ¿En serio? ¿La he hecho sonreír? ¿Y mi premio, dónde está?
Me fijé en su sonrisa. ¿Por qué pude apreciar tanto dolor en su sonrisa? Y en sus ojos... se notaban que eran unos ojos tristes.
—Entonces me siento realmente halagado, de ser así.—le dije devolviendo la sonrisa.—Estoy conociéndote más ésta noche, y ahora sé que no eres como dice la gente.
—Y, ¿qué dice la gente?
—Qué eres fría, sosa, que nunca sonríes, que das miedo, que nunca han escuchado tu voz y que jurarían que eres apática.
—¿Y tú que piensas?
—No eres fría porque debiste de sentir mucho dolor en tu pasado, que no sonríes porque no tienes nada por lo que sonreír, que odias a la gente por una simple razón. De todas formas, no te voy a negar que la gente apesta.
—No todas las personas apestan.—me miró. Otra vez esa mirada.—Me conoces más que yo misma, ¿cómo es posible?
—Porque yo también estoy roto. Sé que eres la chica de ojos tristes y la sonrisa rota. Qué tu sonrisa está tan rota como tu alma. Creo que merece la pena conocerte, al menos para mi. Déjame conocerte, saber más de ti.
—Acabas de formas una rima en esa última frase.—rió. Su risa era una risa baja, en silencio. Una risa realmente encantadora.— Ahora soy yo la que siente curiosidad por ti. Y no te equivocas en que soy la chica de ojos tristes y la sonrisa rota.
Ella me mostró su cuaderno. Había un texto que se titulaba "La chica de ojos tristes y la sonrisa rota". Hablaba de ella misma. De como se sentía, de lo rota que estaba. ¿Casualidad? no lo creo.

Ella pasó toda la noche mostrándome sus escritos. Mostrando su mente a un desconocido, como lo era yo. Por alguna extraña razón, ella se sentía augusto hablando conmigo, no diré como en casa, porque ella no se siente augusto en casa. Ni yo. Era una de esas noches en las que después de tanto tiempo me había sentido bien. Hablar con ella era como hablar conmigo mismo. No sólo teníamos cosas en común, sino que ambos pensábamos igual. Yo empecé a sentirme menos nervioso, y ella empezó a relajarse y contarme más sobre ella. Me halagaba saber que no creyese que era un pervertido o acosador.
Una chica que escribía sus pensamientos en forma de metáfora, o cuento, una chica que simplemente escribía. Ella me atraía, no sólo físicamente, mentalmente también.
En ese entonces, si pude decirle; "Ey, me pareces interesante. ¿Te puedo invitar a un café?", de hecho, quedamos a la tarde siguiente para tomarnos un café y hablar más.
Sentirse identificado por alguien que conoces en tan poco tiempo, es algo que aprecio bastante. Yo me sentía identificado con ella.
Ella me contó que nunca cogía su paraguas cuando llovía porque le gustaba mojarse con la lluvia. Ella me contó que siempre llevaba una libreta y un bolígrafo en mano porque le gustaba escribir en cualquier momento, sobretodo debajo de su Árbol favorito. Ella me contó que su soledad era su fiel amiga, que fue la única que no se había ido en ningún momento.
Y yo... yo me quería unir también a su soledad.

Y ella me dejó unirme...

Tuve la suerte de conocer a una chica así, tuve la suerte de que esa chica fuese mía, (por muy egoísta que suene), pero no la iba a dejar marchar a ninguna parte. La iba a guardar conmigo como oro en paño. Esa chica es lo más preciado que me ocurrió en años. Ella se fijó en un tonto desgraciado y yo me fijé en la chica de ojos tristes y la sonrisa rota.

Mi chica de ojos tristes y la sonrisa rota.


Apareciendo como de costumbre, de la nada.



Hace frío, de ese que se te cuela por el cuerpo llegando a la piel haciéndote estremecer. El cielo está nublado y las calles parecen oler a humedad. Me encuentro sentada en un pequeño banco de un parque, donde a pesar de que en cualquier momento lloverá, los niños juegan con sus pelotas de balón.
 Me fijo en un pequeño columpio, está vació, las ráfagas de aire lo tambaleaba tanto que chirriaba; Una pequeña sonrisa aparece en mi rostro. Ese sonido que chirreaba del pequeño columpio me trae recuerdos de mi infancia. Cuando mi madre me llevaba al parque en la noche. Aquel columpio que solía montarme mi madre y me hacía parecer llegar a la luna con cada uno de sus empujones, cada vez eran más fuertes y yo reía sin parar, creyéndome que llegaría a esa cosíta blanca que nos observa todas y cada una de nuestras noches, luciendo siempre hermosa, llamada Luna.

Mis manos están metidas en los bolsillos de mi chaqueta, el aire viene frío, muy frío me hace esconder mis manos y calentarlas en esos pequeños bolsillos. Miro la hora de mi pequeño reloj de muñeca, marcaba las ocho y media de la tarde. Ha comenzado a llover, y algunas gotas logran alcanzarme, no me importa, es agradable. Los pequeños niños mientras juegan, sus madres les agarran de sus pequeñas manos y los alejaba del parque, llevándolos a casa. El parque quedó vació, tan vació que la única que estaba sentada allí era yo y un perro callejero que olisqueaba en la basura con algo con lo que echarse a la boca. Llovía cada vez más fuerte. Mi cabello comenzó a notarse mojado, mi chaqueta por los hombros estaba mojada, no tardaría mucho en mojarse cada vez más.

Creo que estoy llorando, o quizás tan sólo sean los restos de las pequeñas gotas de lluvia, da igual, no pienso comprobarlo. Un pequeño trueno se escucha a lo lejos. Miro al cielo y cierro los ojos. Las gotas caen sobre mi cara, observo como me encuentro sola en aquel frío y solitario parque que hace un momento se respiraba alegría y paz. No iré a casa, no se encuentra nadie en ella. Sigo aquí, sentada en un banco, mientras entre suspiros me hundo en un mar de pensamientos. Otro trueno ha comenzado a escucharse. La lluvia estaba empeorando. Tengo frío. Comienzo a tiritar. Me abrazo a mi misma. Hundo mi cabeza entre mis piernas. Hoy no soy persona. Hoy soy frágil, tan frágil que con tan sólo un pequeño soplo me hará desplomarme. Hoy no existo. Noto como alguien me coloca una cazadora negra al rededor de mis hombros, su olor es agradable. Sigo abrazada a mi misma, levanto la vista y le veo con su peculiar sonrisa en su rostro, él está completamente empapado, incluso más que yo. A pesar del frío, coloca su chaqueta sobre mis hombros sin importarle qué.
Y allí estaba él, apareciendo como de costumbre, de la nada.